Cada año por estas fechas sale la misma noticia: Wall Street volverá a pagar más bonus que nunca. Los cinco primeros bancos de Estados Unidos, con Goldman Sachs a la cabeza, podrían haber apartado unos 90.000 millones de dólares solo para sus primas estrella. Además en esta ocasión podrían pagarlas antes que nunca, a finales de 2010 y a no a principios de 2011, para blindar a sus ejecutivos ante cambios desfavorables en la fiscalidad.
Un bonus apañado, ni siquiera de los más faraónicos, puede rondar el millón de dólares. ¿Parece mucho? Pues hay gente a la que se le queda en nada una vez descontados los muchos gastos y el mordisco fiscal, que podría llegar a ser de 40.000 o 50.000 dólares más que en 2009, sobre todo si el año que viene expiran los recortes fiscales para las rentas más altas instituidos por el presidente George W. Bush hace diez años. Su sucesor, Barack Obama, ha manifestado reiteradamente su convicción de que hay que eliminar estos recortes para todas las personas que ganen más de 200.000 dólares al año, 250.000 dólares si se ganan en familia.
No parece probable que Obama se salga con la suya dado lo complicado de la situación para él en el Congreso. La mayoría de los comentaristas en Estados Unidos auguran por ahora una larga vida a los recortes fiscales de Bush. Pero Wall Street no es un territorio propicio a los actos de fe, con lo cual las medidas preventivas están en marcha. Con el apasionante plus de suspense que da el secretismo que suele acompañar a los bonus. O que se intenta que lo acompañe.
El dilema de las compañías
La verdad es que en este tema las compañías se debaten en un curioso dilema: por un lado, les conviene dar publicidad a sus generosos emolumentos, ya que eso atrae a los profesionales más competitivos y también a los accionistas ansiosos de señales de fuerza y de éxito. Por otro lado, mientras la crisis no se disipa tampoco lo hace la animadversión popular hacia los banqueros, lo cual aconseja cierta discreción a la hora de repartir el pastel.
Por ejemplo dividiendo el gran superbonus en dos bonos más pequeños, a pagar uno alrededor de Navidad y otro en verano, como hizo Goldman Sachs con gran discreción el año pasado, por lo menos con su plantilla inglesa. Goldman Sachs, dada su preeminencia, suele ser el banco que marca la pauta, el que fija el listón de lo que pueden pagar los demás. También el que hasta la fecha se ha mostrado más creativo, dando a elegir a sus ejecutivos el mejor momento para ser remunerados.