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Agustín de Hipona

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jueves, 21 de agosto de 2014 Buscar:  lupa

Lecciones de la crisis: siguen mintiendo

Publicado por financial-toxic

Han pasado dos años desde la quiebra de Lehman Brothers (15 de septiembre de 2008), y aún no podemos responder en forma concluyente la siguiente pregunta: ¿Qué hubiera pasado si el gobierno norteamericano hubiera salvado a Lehman? Su quiebra fue fundamental. Hasta ese momento, los mercados de la vivienda y de las hipotecas habían provocado lo que pareció ser una recesión seria -pero no sin precedentes-. Una vez que Lehman quebró, la economía de Estados Unidos entró en una caída libre. Es difícil no preguntarse si podría haberse evitado parte de la agitación subsiguiente.

"La quiebra de Lehman tuvo consecuencias nefastas porque sugirió que el gobierno de EE UU había perdido el control de los acontecimientos"

Consideremos lo que ocurrió después de Lehman:

El crédito escaseó. Los bancos no se prestaron dinero mutuamente, excepto a tasas de interés exorbitantes. Las tasas de los bonos corporativos pasaron de un 7 por ciento en agosto, a casi un 10 por ciento en octubre.

Las acciones cayeron en picado. Tras su récord histórico de unos 14.100 en octubre de 2007, el promedio industrial Dow Jones aún comerciaba alrededor de 11.400 antes de la bancarrota. Para octubre, la cifra era de unos 8.400; para marzo de 2009, 6.600.

Los gastos del consumidor y las inversiones de las empresas (en maquinaria, computadoras, edificios) -que en su conjunto representan unos cuatro quintos de la economía- declinaron drásticamente. Las ventas de vehículos, ya deprimidas, cayeron un tercio de agosto a febrero.

Las fuentes de trabajo se derrumbaron. Cinco millones de empleos de la nómina desaparecieron en los ocho meses que siguieron al colapso de Lehman. La tasa de desempleo pasó de un 6,2 por ciento en septiembre, a un 9,5 por ciento en junio de 2009.

DE LA INCERTIDUMBRE AL PANICO

La quiebra de Lehman tuvo consecuencias nefastas porque sugirió que el gobierno había perdido el control de los acontecimientos. Nadie sabía qué instituciones financieras serían protegidas y cuáles no; AIG pronto recibió un préstamo masivo. La incertidumbre creció; el pánico le siguió.

Las empresas, preocupadas de no recibir un crédito normal, acumularon efectivo eliminando puestos de trabajo, inversiones e inventarios. Como consecuencia de la desaparición del trabajo y de la riqueza (las pérdidas en acciones de septiembre de 2008 a marzo de 2009 sumaron 3,9 billones de dólares, informa Wilshire Associates) los consumidores postergaron las compras discrecionales: automóviles, viviendas, electrodomésticos.

Las explicaciones de por qué se permitió que Lehman quebrase se han modificado sutilmente en dos años. En aquel fin de semana del 13 y 14 de septiembre, el secretario del Tesoro, Henry Paulson, el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke y el presidente del New York Federal Reserve Bank, Timothy Geithner, trataron desesperadamente de organizar un rescate del sector privado. Casi lo lograron. Persuadieron a un consorcio de bancos para que asumiera las inversiones más débiles de Lehman por un valor de 30.000 millones de dólares. Pareció que Barclays, un importante banco británico, iba a comprar Lehman, pero los reguladores británicos presentaron objeciones en el último minuto.

En ese momento, sólo el gobierno estadounidense podría haber salvado a Lehman, que enfrentaba una crisis de confianza que garantizó su propia caída. Sus clientes y entidades crediticias estaban huyendo por temor a que no se les pagara. Alguien con grandes recursos debía respaldar a Lehman para aliviar la ansiedad.

EXPLICACIONES

La actual explicación estándar de Paulson y Bernanke sobre por qué se negaron a actuar es que, legalmente, no podían hacer otra cosa. El Tesoro expresó que carecía de autoridad para realizar una inversión; la Reserva Federal podía prestar dinero, pero sólo si Lehman tenía garantía adecuada, de la que presuntamente carecía. Ésa es la versión actual, pero después de la quiebra de Lehman, el énfasis era diferente.

"Nunca consideré que era apropiado arriesgar el dinero de los contribuyentes para resolver [el problema de] Lehman Brothers", dijo Paulson. En verdad, su postura inicialmente obtuvo elogios, por enfrentarse a Wall Street. Bernanke brindó justificaciones similares. En su testimonio ante el Congreso el 23 de septiembre, dijo que "los problemas de Lehman eran bien conocidos ... (y) juzgamos que los inversores ... habían tenido tiempo para tomar medidas precautorias".

UNA PROFUNDA CICATRIZ

En verdad, se había formado un consenso informal contra la utilización de fondos gubernamentales para salvar a Lehman. Las duras críticas del rescate anterior de Bear Stearns -realizado con el apoyo del gobierno de Bush y dinero de la Reserva- habían dejado una profunda cicatriz. La Comisión para la Investigación de la Crisis Financiera había publicado los mensajes electrónicos que reflejaban ese clima. El 9 de septiembre, el jefe de personal del Tesoro, Jim Wilkinson, escribió que él no podía "tragar que nosotros recatáramos a Lehman (sic). Será horrible en la prensa". Dada esta inclinación, no hubo un Plan B una vez que Barclay retiró su oferta.

Paulson, Bernanke y Geithner se desempeñaron más tarde encomiablemente, impidiendo un colapso financiero más amplio y restaurando la confianza que, podría sostenerse, evitó una segunda Gran Depresión. Aunque sus medidas (garantías de préstamos del gobierno y facilidades de préstamo de la Reserva) fueron poco populares, finalmente calmaron los mercados. Pero la pregunta pendiente es si Paulson & Cía. solucionaron un problema que ellos ayudaron a crear. Incluso ahora, no está claro si Lehman carecía de suficiente garantía para justificar un préstamo. Hubo un "pánico sin sentido" sostiene William Isaac, ex director de la Federal Deposit Insurance Corp., en un libro con ese título.

O quizás no. Quizás salvar a Lehman hubiera meramente postergado el pánico y los pedidos de que se abordara un sistema financiero en debilitamiento con poderes más amplios. Citigroup y Bank of America, entre otros, necesitaban ayuda. En una crisis, por su propia naturaleza, la gente se ve sorprendida y sobrepasada por los hechos, y en ese sentido, los errores cometidos en el manejo de Lehman podrían haber sido inevitables. De una u otra forma, el primer borrador de la historia se está aun escribiendo -y sigue siendo aún un esbozo.

Fuente original:
El Día - Argentina  24/09/2010

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